Las claves de la primera Liberación de Libros UTEM

Autor: Daniela Arce V.|
Democratizar la lectura, visibilizar la carrera y atacar el estrés son los principales logros identificados por quienes organizan esta inédita experiencia vivida en la universidad, surgida en la carrera de Bibliotecología y Documentación.

En plena semana de pruebas, oportunidad en que el estrés gana presencia, las y los estudiantes de la Facultad de Administración y Economía (FAE) se topan con una actividad distinta: varios stands dispuestos en el hall principal en los que alumnas y alumnos de Bibliotecología y Documentación orientan a quien quiera preguntar por las varias publicaciones a las que se puede acceder gratuitamente.

Y es que se trata de la primera vez que se realiza una Liberación de Libros en la UTEM, lo que sorprende a la comunidad de la FAE, especialmente a las y los jóvenes que frente a la experiencia “cambian la cara”.

La actividad cultural -que genera conciencia al reciclaje, al compartir todo tipo de publicaciones y democratiza la lectura- surge a propósito del electivo “Animación lectora en bibliotecas: teoría y práctica”, que dicta la profesora Paula Silva Rubio desde agosto de 2022 en la carrera de Bibliotecología y Documentación.

Y no sólo implica beneficios externos, sino que también impacta a los organizadores, es decir, a los mismos alumnos y alumnas. “Descrubrimos actitudes que teníamos escondidas, interactuamos con otras personas sin tener problemas y conocemos a estudiantes y profesores de otras carreras”, subraya Sandra Sandoval Fuentealba, alumna de cuarto año de Bibliotecología y Documentación.

El inicio

Apenas la profesora Silva Rubio da la idea a los estudiantes, se encargan de organizar el evento en su totalidad. “Les propuse hacer esto porque permite de manera democrática y a través de los conceptos de la economía circular, poner cantidad y variedad de libros y publicaciones a disposición de las personas que quieran”, apunta la docente.

Para reunir más publicaciones, se llevan a cabo dos talleres gratuitos para la comunidad, enfocados en personas que quisieran hacer libros plegados, como carrusel y libro dragón, a los que se les cobra un libro como entrada. De esta forma, contemplando la campaña y estas actividades, se recopila un total de 275 libros. “Hubo títulos de todo tipo. Esta es la instancia para hacer un intercambio o la entrega de libros de forma gratuita”, dice Silva Rubio.

Así, alumnas y alumnos aprenden a gestionar este tipo de eventos desde el principio, creando la gráfica, organizando la actividad y realizando su posterior evaluación, entre otras cosas. “Partimos definiendo algunos roles de alumnas y alumnos. Alguien se encargó de hacer la gráfica para la campaña de donación de libros, invitando a la gente a donar libros para que la liberación fuera amplia”, explica la docente.

La estudiante Carolina Inostroza añade: “Lo vivimos desde el momento uno, porque no vino la profesora con toda la actividad hecho, sino que nos incluyó en todo el proceso: juntar los libros, hacer el inventario, elaborar los carteles y las gráficas para la promoción, pegarlos e invitar a la gente. Fue genial porque nos unió como estudiantes en base a que salga bien una actividad”.

Versos al oído

En el evento no sólo se ofrecen todo tipo de publicaciones, sino que algunos estudiantes asumen el rol de “susurradores”, quienes con un tubo de cartón “susurraban” distintas piezas literarias a quienes pasan.

Sandoval e Inostroza son algunas de las personas que hacen esta tarea. “La primera impresión que tienen quienes nos ven es de asombro y rareza, pero todos -en realidad- andan un poco estresados por las fechas. Sin embargo, tras los susurrros les cambia la cara y eso no tiene precio”, cuenta.

La experiencia resulta tan grata que incluso hasta ahora, tras semanas del evento, la joven se encuentra con gente que le recuerda su paso como susurradora. “Conocí a mucha gente, lo que después de la pandemia es genial”, enfatiza la joven.

En el caso de Sandra Sandoval, en tanto, la experiencia de liberar libros “fue muy gratificante”. Dice que el agradecimiento que reciben de las personas que se adentran a la actividad es algo que “llena el alma”.

En rigor, la actividad deja enormes aprendizajes. Para la estudiante Inostroza González la jornada resultó “clave para desestresar a los estudiantes y permitirles tener una especie de simulacro de bibliotecario. Es un momento especial, sobre todo en momentos depresivos post pandemia”.

Existe concordancia en quienes organizan la actividad que la carrera debería recoger la actividad y hacerla en fechas importantes, para que esta liberación permanezca en el tiempo.

Sandoval, por ejemplo, afirma que “de los cuatro años que llevo en la universidad, no habíamos hecho algo así. Espero que se vuelva a repetir”.

En la jornada también se invita a los asistentes a responder un cuestionario, el que arroja interesantes hallazgos. El 90% de las personas participantes no había estado en un evento similar antes; el 34% se entera por los afiches; el 90% califica de muy bueno el evento; y el 98 % se pudo llevar un libro.

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